La construcción de “Muerde ese fruto”

La construcción de “Muerde ese fruto”

Ha quedado atrás la idea, y la ambición también, de escribir un novela que contenga el universo completo de un personaje, de una época o de una idea. Es decir que ha cambiado la idea de construcción de una novela y por tanto la construcción de Muerde ese fruto. Entendámonos, se trataba no de incluir todo en la novela sino que todo aquello que tenía relación con la trama, había de estar presente en el obra. Era, en verdad, un plan muy ambicioso.

Cubierta Muerde ese fruto

Cuando me puse a escribir Muerde ese fruto tenía claro que mi intento era mucho más realista, mucho más parcial; es fácil advertir en nuestras vidas cómo se nos escurren de entre los dedos cuestiones que consideramos deberían estar en nuestro domino. No es así. Dominamos una parte solo de nuestra propia vida. Con esta concepción siempre presente Muerde ese fruto es una novela hecha de retazos, de escenas parciales, constatando que mucho de nuestro vivir cotidiano se extiende por regiones que quedan más allá de nuestra vista y vigilancia y cuyo filo rosso no siempre aflora y permanece evidente.

Conclusiones mínimas

Ampliar el radio de acción es lícito, no siempre deseable en sus conclusiones, o bien la opción contraria, restringirlo, resulta más satisfactoria, más real, más acorde con lo que podemos hacer. Cada personaje escoge, o no, una forma de gestionar el fenómeno. Es evidente que la novela es mucho más que esto, pero este es su fundamento estructural, su visión del todo; en fondo es un paradoja que la visión del todo sea una parte.

Creo que si mi novela fuese un film podría ser este: Berlin: Symphony of a Great City.

Puedes verlo aquí y también puedes leer las primeras páginas de Muerde es fruto aquí (cortesia del editor, Tolstoievski Ediciones, podría decirse).

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