Identidad europea y memoria

Identidad europea y memoria

Hoy no hablo de libros, aunque cite un par de ellos. Hablo de la idea de Europa que me (nos) rodea en ocasión de la próxima celebración del Día de la Memoria. Mejor dicho, hoy hablo de identidad europea y memoria, la que se pierde o ignora.

Han pasado 71 años de la liberación de Auschwitz, que constituye la fecha solemne de la memoria del holocausto en los campos de exterminio. Quizá es por ello que tengo la sensación de que no obstante tanta aplicación mnemotécnica Europa no ha comprendido nada.

Emigración. Disociación profunda

Europa sufre de una disociación profunda, de un estado de hipocresía estructural, de una incapacidad de comprensión secular, de una egocentrismo asesino. En el pasado Europa ha arrojado a sus hijos fuera de sus propios confines en emigraciones casi forzadas. ¿Quien no recuerda las palabras de Cecil Rhodes sobre la emigración británica?  (para hacerse una idea puede leerse E. J. Hobsbwman The Age of Empire (1875–1914). España, Italia, Reino Unido, Francia, Alemania han repoblado toda América de norte a sur y las restantes latitudes del globo.

Desde fines del s XIX al S. XX son varios millones de ciudadanos europeos los que han abandonado el viejo continente sin que tal flujo migratorio haya llegado jamás a ser visto con nuestros ojos como hordas u oleadas. Mucho menos las hemos considerado como emigración ilegal o, como se le llama ahora migración económica. Y pensar que precisamente eso eran nuestros emigrantes, millones de ellos. Eran gente en busca de un futuro económico, político, vital, que su tierra de origen, o diversos factores, no podía o quería ofrecerle. Lo que hoy es un delito ayer era una necesidad: una cuestión de óptica, de perspectiva, de identidad.

Identidad como ejercicio de exclusión

Identidad europea y memoria

La identidad en Europa es algo enigmático, que adhiere mejor al número y a la fuerza política que cualquier otra categoría. El otro es siempre una minoría privada de poder. Europa a lo largo de su historia ha gestionado y comprendido la propia identidad  como un ejercicio de exclusión; (a modo de resumen sugiero leer la primera parte del trabajo de R. Hillberg, La destrucción de los judíos europeos). Casi un siglo más tarde del inicio de las persecuciones nazistas en Europa hace uso una vez más de medidas que recuerdan mucho ese periodo. Expulsiones colectivas, requisición de bienes, clasificación de seres humanos por categorías que indican su aceptabilidad. Todas esas eran formas en las cuales Europa se vio y se ve con un club exclusivo. Un clubcapaz de dar patentes de ciudadanía solo a quien sus propias clases dirigentes consideran adecuado. 

Conclusiones míminas

Europa ha generado con esta política tragedias dentro y fuera de sus propias fronteras. El viejo continente tiene una fobia tal al “otro” que la alteridad es siempre fuente de temor, desprecio, rechazo y finalmente odio. Europa no digiere a quien no es europeo, mejor dicho, cierto tipo de europeo. Europa no ve que ese europeo no es hoy el de hace tiempo, pero no le interesa tomar consciencia de ello porque no sabe y no puede generar una nueva identidad. Han pasado 71 años de liberación de Auschwitz, que constituye la fecha solemne de la memoria del Holocausto en los campos de exterminio, y tengo la sensación de que no obstante tanta aplicación mnemotécnica Europa no ha comprendido nada ni tiene voluntad de comprender y lo peor ha de llegar otra vez.

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