Auster y el objeto en la literatura

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Auster y el objeto en la literatura

Auster y el objeto en la literatura.
Cubierta de una vida en palabras, de Paul Auster

En su más reciente libro publicado en España, Paul Auster aborda la cuestión del objeto en su obra. Es decir la relación de Auster y objeto en la literatura, tal y como él la entiende y concibe.

El objeto para Auster es inerte y tiene significación en la obra (y por tanto en la vida cotidiana) por su función. Es decir, por la función que desenvuelve, en la vida de quien lo emplea. Es por eso que deviene, o mejor dicho puede devenir, vestigio de un pensamiento (una remembranza) y emblema de la soledad. El planteamiento de Auster me resulta problemático en varios puntos.

La centralidad del hombre

En primer lugar la centralidad del hombre en Auster anula el mundo inanimado. El objeto privo de relación con el hombre no existe o el objeto privo de una relación funcional y sentimental con el hombre no existe o carece de sentido. Viene al mundo cuando encuentra el hombre. Si unimos esta consideración al papel del azar, las infinitas posibilidades de que algo ocurra o no ocurra, el objeto es solo expresión de un vinculo aleatorio que establece el hombre. Cabe preguntarse qué ocurre pues cuando el no se establece ese vínculo o cuando el hombre deshace ese vínculo. Resulta pues no solo un mundo ignoto sino un mundo evanescente. La perdurabilidad en Auster es un imposible. 

En otro aspecto si el objeto nunca es, resulta engañoso que sea cuando encuentra al hombre: parece una creación ex-nihilo. Sustituyendo el objeto por el mundo la distancia es mucho mayor. Para nuestro autor la cuestión está mal puesta si lo único que cuenta es la relación real, entre las muchas posibles, que cada uno establece con el objeto singular. En realidad el mundo es una cuestión de relaciones personales que fugazmente se entrelazan y cruzan. Se crea así un tejido que no es cognitivo sino efímero y emocional; así interpreto la visión de Auster.

Cabe preguntarse igualmente si el objeto pre-existe a su nómina o si es tal solo cuando se menciona, cuando es mencionado por el hombre. Como el mismo Auster sostiene a propósito de su obra, la necesaria generalización del lenguaje es contraria a esta visión del “ser en el mundo” (y recuerdo como complemente le texto de Jorge Luis Borges, Funes el memorioso). Eso requiere por contra un detalle nominativo-descriptivo, para dar cuenta de estas unicidades y accidentes.

El lenguaje y los objetos

Y llego a la cuestión del lenguaje ligada a los objetos. La existencia del objeto como existente solo en el recuerdo o en una relación que se recuerda (que es fruto del azar), depende exclusivamente del lenguaje. El objeto material está escindido y su valor no reside en la materialidad, sino en los vínculos que se descubren con el lenguaje. Estos resultan, para Auster, insuficientes y escasamente válidos, aunque sean los únicos posibles. La otra posibilidad de existencia del objeto, la del objeto  como emblema, como metáfora, reside siempre en el lenguaje y sin él no es.

El resultado es que el objeto existe solo en lenguaje. Como consecuencia de la insuficiencia del lenguaje y de la intervención del azar como reino de lo posible, el mundo es efectivamente un fenómeno imposible de conocer. Por ser imposible de generaliza: demasiado personal la experiencia del mundo, demasiado grande el número de variables que el azar es capaz de desplegar en esa experiencia (siempre fugaz, añado).

Conclusiones mínimas

Para Auster escribir es pues una a actividad de riesgo. Una actividad abocada las más de las veces al fracaso, como el mismo autor reconoce sin por ello menguar ese esfuerzo en fracasar mejor. Escribir no da como resultado un acercamiento a las dinámicas capaces de explicar el mundo. Es solo un esfuerzo por no caer de lleno en un caos. Escribir es un intento de ordenación parcial y abocada al fracaso. Lo cual, bien mirado, es un buen antídoto para todos los afanes totalizares y totalitarios de estos tiempo recientes.