La frase inútil

Una frase inútil

Hoy abordo una cuestión que suele soslayarse: la frase inútil. La frase inútil en la narrativa tiene dos posibles acepciones.  

La primera, la frase que no da información relevante ni sirve para que la narración prosiga. O lo que es lo mismo que deja el texto en el mismo punto aunque la eliminemos. Siguiendo esta definición podría parecer que son muchas.

En una segunda lectura son un poco menos, De hecho no es difícil localizarlas porque saltan a la vista en esa segunda lectura. En fin, una categoría vasta, vastísima.

La frase vacía

La segunda es mi favorita: “…cambiar el futuro”. Una frase inútil porque es una frase vacía.

La frase inútil

Para empezar es una frase carente de lógica. Por definición el futuro es un tiempo incógnito. Cualquier futuro es el futuro. El futuro es siempre. cualquier futuro era el futuro. Y esto porque el futuro es en función de cuánto consideramos probable un evento. En si mismo es indeterminado, o quizá sería mejor decir inexistente.  La desdichada Casandra lo sabía. Una visión del futuro cambiaba según el punto de vista del espectador y consiguientemente en la pugna entre todos los futuro posibles cada cual escogía el que consideraba más probable, o en otras palabras, el más favorable a sus propósitos. podríamos decir que el problema de Casandra no era el futuro, era el auditorio. 

Así pues, siendo el futuro indeterminado es imposible cambiarlo. Para cambiar algo hay que sustituir un elemento estable y fijo por otro con idénticas características. Resulta imposible cambiar algo que no está, que no existe y que no existirá hasta que sea ya pasado. Cambiar el futuro es una frase vacía. El futuro es el tiempo más fingidor y traicionero. Mejor dejarlo donde está y no pensar en cambiarlo. 

Éxito o fracaso

¿A qué obedece entonces está voluntad literaria de cambiar el futuro individual o colectivo? Podríamos pensar que, sumariamente, establece un nexo entre la ilusión del control y la necesidad del control. Cada personaje de una narración encarna esta dos razones: la ilusión de controlar los eventos que componen nuestra vida; la necesidad psicológica de controla el devenir de nuestros propios actos.

Son anverso y reverso de la realidad, mucho menos simple y mucho más interdependiente de múltiples eventos y aspectos. Plantear que un personaje cambia su futuro nos coloca ante la dualidad éxito o fracaso de este propósito. El éxito se mide en la desviación del futuro probable que se establece como punto de partida. Por otro lado el fracaso es la ratificación de ese mismo futuro inicialmente establecido. El personaje oscila entonces entre la ilusión de poder tener éxito y la necesidad e tenerlo, entre la posibilidad de obtener ese futuro y la probabilidad del éxito. 

En realidad el cambio no es del futuro sino del presente del personaje. Tanto más el presente cambia tanto más cambian las probabilidades de los futuros posibles. La paradoja estriba en que el éxito esta indicado solo como uno de los futuros posibles y por lo tanto el fracaso es mucho más probable. Una segunda paradoja está en el error de identificación del éxito. En otras palabras, que no obstante se haya alcanzado la probabilidad máxima para cierto futuro este no comporte los cambios augurados. En todos los casos el mecanismo requiere que el personaje necesite ese cambio y que viva la ilusión de protagonizar una empresa que garantice un solo futuro posible.

Conclusiones mínimas

Dicho de otro modo el personaje juega a cara o cruz con solo dos resultados posibles en vez de a dados con miles de posibles resultados. Todo es inútil. No está cambiando nada, está viviendo la ilusión de dominar la posibilidad, el azar y las probabilidades partiendo de su necesidad de predeterminar lo ignoto. Lo hace por nosotros. Cambiar el futuro es una trama que suele dar resultado por engañoso que sea el principio en el que se asienta.

Existen casos contrarios, los que señalamos como destino. Madame Bovary nos aflige porque con su presente su futuro posible es desolador y su insistencia en la inmovilidad es lo que genera “su triste destino”. Y es que el destino es el reconocimiento de la ignorancia del futuro y la consciencia de lo probables de nuestro presente.

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