La censura de Caperucita Roja

La censura de Caperucita Roja

La reciente disposición de una biblioteca pública de censurar Caperucita Roja y otros relatos infantiles enciende un debate múltiple no solo en la comunidad lectora, sino en toda la sociedad. Con gran probabilidad no agotaré las implicaciones, pero sí quiero señalar en estas lineas algunas de ellas. No es suficiente con esto, creo. Daré también, en la medida de mis posibilidades algunas ideas de como pueden usarse estos textos infantiles para incitar esa lectura crítica que todos reclamamos como condición de ciudadanía moderna.

La censura de la versión X

Para empezar este desagradable asunto de la censura de Caperucita Roja (tomo este cuento como resumen de todo un género infantil), me pregunto qué versión han decidido censurar. No recuerdo dónde leí en una ocasión que había 247 versiones identificadas de Caperucita Roja; un número notable. Cierto es que en su mayor parte comparten un desarrollo común y se desvían en los detalles. Los esconden grandes diferencias, o como mínimo pueden hacerlo. Así pues los detalles podrían dar pie a lecturas muy diversas: volveré sobre este punto más adelante. si esto no bastase ciertas versiones son muy distintas del relato original, aunque pienso que esta frase carece de sentido. Digo esto porque los cuentos infantiles tienen casi todos una forja popular oral, que luego se ha solidificado en N versiones escritas.

La censura de Caperucita Roja

En este contexto hablar de originalidad, en el sentido de un Ur-tex, es una pérdida de tiempo. O al menos así lo pienso yo. En cualquier caso las versiones literarias de Caperucita Roja pueden esconder recorridos divergentes en el bosque del lobo. O acaso no recorrer ningún bosque: recuerdo, por ejemplo, Caperucita Roja en Manhattan, de Carmen Martín Gaite. No obstante todas la diferencias todas estas versiones de los cuentos infantiles comparten un objetivo formativo, iniciático común. Que guste o menos. Cuestión a parte es que el número de cuentos infantiles que componen el arsenal cultural mutuo suele ser reducido y quizá en disminución. Esto también es un problema. Ensanchemos el panorama, será beneficioso.

Formación e iniciación

Ese objetivo formativo-iniciativo tiene lazos estrechos con la lectura o la audición del relato. En primer lugar cabe decir que el objetivo formativo-iniciático del cuento es dar a conocer a los jóvenes los riesgos, los peligros, las zonas grises de la realidad. No se ahorran detalles grotescos, escenas impactantes, rasgos escabrosos, porque todos ellos, unido o por separado, forman parte de lo cotidiano. Estarán más o menos visibles, pero están presentes. No pueden ser ignorados. Antes o después los jóvenes serán adultos y el calidad de tal no podrán ignorar la realidad, deberán estar preparados para reconocer su crudeza, su desigualdad y su injusticia. 

Ni de lejos quiere decir todo esto que la visión del mundo que forman los cuentos infantiles esté exenta de cargas ideológicas, de valores ontológicos y morales, de estratificaciones. 

Mito y cuento

La censura de Caperucita Roja

Usando los modelos de Detienne, por ejemplo, podemos considerar el cuento infantil un mito depotenciado, que aún conserva la capacidad de promover modelos de conducta y por tanto de significación y valor de la existencia. Al mismo nivel por tanto de cuanto hacía en la formación de los jóvenes helenos la Iliada o la Odisea. Absolutamente. Tampoco quiere decirse que sean vehículos acríticos o directamente reaccionarios. Y esto último se debe a dos factores básicos: la época y la lectura; la interacción de estos aspectos con el lector.

La lectura romántica o la lectura moderna de la Iliada divergen en mucho de la lectura de los contemporáneos de Pericles, por decir. El modelo propuesto se recoloca en un nuevo marco según al época, se reinterpreta. Tal y como le ocurre al mito, el cuento pude alejarse de la construcción arquetípica de la realidad para presentar los puntos de conflicto; la clase de operación que la tragedia griega realiza con el mito clásico.  

La censura del texto (mito, ensayo, cuento) es imposible. El texto se expande y modifica en mil versiones cuyo espectro va de lo formativo-iniciático a la problematización de los aspectos salientes de las versiones precedentes, inmersas ahora en un nuevo cuadro interpretativo. Retornando a Caperucita Roja podemos observar que las versiones “clasicas” de Grimm o Perrault se codean con las versiones de Rodari, Dahl o Martín Gaite. ¿Qué razones tenemos para intentar algo que acabará por huir a nuestro control? ¿Qué induce a pensar que la censura, la eliminación del texto terminará con los problemas que expone? ¿Tenemos motivos realmente válidos para creer que solo existe una lectura posible del texto? ¿Qué nos hace creer que el lector infantil es un lector incapaz de lectura crítica?

Blanqueo

Las razones, creo, residen en un intento de blanqueo de la realidad, de hiperprotección. En cierto modo obedecen también a un intento de reducción del mundo a una visión, la nuestra, con la voluntad no de una utopía sino de una irrealidad, un no-lugar carente de tensiones, diablees, tensiones y crueldad. La tentación es demasiado grande para no intentarlo, aun sabiendo que las posibilidades de éxito son remotas. La tentación de pensar que la censura eliminará el problema, muerte el perro… es grotesca. No ha funcionado jamás. No existe certidumbre alguna que los mismos promotores no participen en algún modo de las ideas que intentan censurar; son hilos sutiles como demuestra la cotidianidad.

La reducción de la lectura del texto a una sola lectura posible obedece más a los temores que a la realidad de los hechos. Tan perniciosa se considera esa clave de lectura que anulamos cualquier otra posibilidad. anulamos además la legitima posibilidad de que otros lectores encuentren en esa lectura un provecho, un sistema., discutible cuanto se quiera pero cuyas idealizad es tan legítima como la nuestra. Pienso que las ideas tienen todas derecho a estar, los hombres y sus actos en nombre de las ideas son mucho más discutibles.  La censura da como resultado una via tan estrecha que tarde o temprano termina por excluir a quien la pavimentó. 

Desconfianza y arrogancia

Por último al respuesta a la pregunta más inquietante. La desconfianza sobre las capacidades nuestros hijos nacen, creo, de dos factores. El desconocimiento profundo de nuestros vástagos. El desconocimiento profundo de la lectura y de los mecanismos de crítica, que acaba por convertirse en desconfianza y acaba por cristalizar en la arrogancia intelectual del paternalismo decisional.

La censura de Caperucita Roja es insostenible entonces por dos motivos: por ineficaz y por peligrosa.

Sin ser más que un lector (y un escritor, y un filósofo y un padre y un ex-editor) propongo una serie de ejercicios críticos de lectura de los cuentos infantiles. En mi opinión arrojan resultados muy interesantes.

  • ¿Quien hace que y por qué? ¿Qué sustitutos podrían haber?
  • ¿Qué acciones podrían concluir la trama en modo satisfactorio y distinto, quien llevaría a cabo estas acciones y por qué?
  • ¿Por qué cada personaje hace lo que hace, está bien o mal, qué alternativas hay?
  • ¿Es justo lo que ocurre. Son justas la acciones de cada personaje. Si se intercambiaran los papeles los distintos personajes el cuento sería distinto?
  • ¿Podría Caperucita salvarse sola o necesita de una ayuda? ¿Por qué?
  • ¿Por qué Caperucita está en peligro y el cazador no?
  • ¿Podría ocurrir al revés, qué sucedería entonces, qué haría Caperucita?
  • ¿El cuento es así porque es antiguo o por otro motivo, cual?
  • ¿El cuanto habla de un peligro real, por qué si o no?
  • ¿Qué papel juegan en el cuento la edad y el sexo de los personajes, qué alternativas hay?

Salta a la vista que he limitado muchas preguntas a un solo ámbito, pero hay miles que pueden hacerse. Sobre cada aspecto presente en el cuento podemos interrogarlo, desmenuzarlo y comprenderlo, no necesariamente compartirlo. Esto es importante.

Conclusiones mímicas

Es innecesaria pues la censura de Caperucita Roja cuando es suficiente darle la vuelta como a un calcetín. Cada uno de estos interrogantes admite una serie de disgresiones bastante amplias que pueden llevar a una clase o grupo de lectores a debates enjundiosos y para nada descontados. El texto permite razonar sobre papeles, descontados o menos. Permite también comprobar la existencia de alternativas y críticas. La protección de los más jóvenes no parte de la hiperprotección o la negación, parte de la crítica, del conocimiento del contexto, de la construcción de alternativas compartidas. En modo paradójico la censura de Caperucita Roja no hará menos sexista esta sociedad, pero podría hacerno menos capaces de reconocer el sexismo en su contexto y tener menos instrumentos eficaces para afrontarlo.

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