Simetría invertida entre autor y lector

“He abandonado la lectura porque ellos son tantos y yo solo uno. No hay color: parto con demasiada desventaja”, así decía el actor italiano Massimo Troisi. Es una frase magnífica como paradójico resumen de la relación escritor-lector. La simetría invertida entre autor y lector.

La simetría invertida entre autor y lector.

Es decir según el punto de vista basta dar la vuelta a las incógnitas de la ecuación para describir una situación igual y contraria. Revela siempre la relación subjetiva de uno contra miles.

Contra el número

El lector se halla en presencia de un alud de títulos y una cantidad imprecisa de autores que cada años proponen sus obras. Excluyo de esta cifra la acumulación diacrónica de títulos y obras. Nadie pide que el lector individual lea todo lo que se publica. Ni sería posible pensar en que tenga acceso a todos. La realidad del funcionamiento del mercado editorial excluye apriorísticamente a los escritores menos conocidos, a los sellos más pequeños, a los temas menos generales o menos actuales.

El mercado ofrece algo para todos, así se defiende el mercado de esta exuberante producción libresca. Cómo lo ofrece es el secreto. La presión del número sobre el lector existe en función del mercado, no en función del lector, como un ideal retorcido, una necesidad irreal de lectura. Leerlo todo e incluso antes que otros lo hagan deviene un empuje irracional y frustrante, una competición si sentido que el mito del preceptor digital, del influencer literario alimenta en función del mercado hipertrófico. 

Del mismo modo el escritor se enfrenta al revés de la medalla. Miles, millones de  lectores contra él solo. Cómo alcanzarlos es su cruz y la masa es tan imponente que conspira en su contra por el mero hecho de existir. La competencia con otros escritores contornea un escenario apocalíptico. La búsqueda del número, función del mercado, se impone. 

Simetrías

Es evidente que el lector no tiene porqué perseguir con la lectura atro horizonte que el de la propia satisfacción. Su hambruna debe determinarse solo por su propia voluntad rehuyendo esta Persuasion Nation que se perfila bajo la aparente ineluctabilidad de la necesidad del mercado. 

El escritor empecinado en escribir contra el número, centrado en la persecución del número de lectores deberá admitir que más que buscar el reconocimiento por su escritura busca el reconocimiento con su escritura. Deja abierta esta diferencia un intenso debate que o siempre tiene la calidad como eje, pero quizá sí la literatura.

El punto de encuentro entre el escritor y el lector representa la respuesta a más típico de los problemas: ¿en qué punto se encuentra el tren A con el tren B, partiendo ambos de una lugar distinto a horarios distintos y con velocidades distintas? Reconozco que resolvía mal este tipo de problemas. 

Prescriptores

El papel de los prescriptores clásicos o digitales queda anulado ante la falta de valentia para abordar géneros, autores, temáticas, formas y sellos que no se coloquen en la tónica general, que diverjan de la mayoría. Así mismo la poca valentía de los lectores les arroja a un consumo acritico no solo en la cantidad sino también el gusto, siempre en el cauce principal. No deja de ser descriptivo de un fenómeno tal el hecho recientemente revelado de las preferencias de los lectores. Argentina: los lectores buscan y leen libros con más de una década. la insatisfacción de lo actual es hija de una atención al número. La búsqueda compulsiva del congraciamiento decepciona al lector, sin que por ello encuentre alivio ante la marea montante si seque persisten en su visión y misión de consumo. 

El escritor

En esa propuesta de simetría invertida entre autor y lector, al escritor le ocurre lo mismo. La compulsión por el número puede puede alejarle de una escritura fecunda aunque no economicamente satisfactoria. Es un choque entre escritura y literatura, entre objetivos discordantes. Discordantes, pero no por fuerza divergentes, porque también es posible hacer literatura encontrando el beneplácito del lector. El número dice poco sobre la calidad, siempre.

El escritor desea vivir de su ingenio y se lanza a por su público, que en un público por necesidad compartido. ¿Compartido con quien? Imposible determinarlo individualmente y creo inútil determinarlo en general. El público del escritor es ese que halla en sus obras los que está buscando a veces sin determinar con claridad qué es eso que busca. Temas, formas, lenguajes. Por motivos diferentes seducirá a lectores diferentes, cuyo único común denominador será su obra. Centrarse en la obra es pues la única via. Escribir cómo se desea, sobre los que se desea escribir, dándole la forma deseada. Debe ser ese el objetivo. La búsqueda de un nicho estrecho donde quieren meterse tantos otros no creo que sea tarea fácil. Competir por el número no lo es nunca. Para competir con el número hay que dejar algo atrás. esa es la decisión fundamental.

¿Estoy diciendo que hay que olvidarse del número para hacer literatura? No, estoy diciendo que perseguir el número y la literatura son cosas distintas y que aunar ambas es tarea larga, pero que es imposible renunciar a la literatura para hacer literatura. es una cuestión de prioridades. Escribir nunca es un ejercicio univoco. Y queda siempre la eterna lucha de uno contra mil, a ambos lados de la ecuación.

Conclusiones mínimas

Por otro lado cada uno de estos actores puede acogerse, como es natural, a un derecho de elección que se sitúe dentro de la mayoría. Nada que decir en contra de un derecho tal. Lo importante, ami modo de ver, es no acogerse a la paradoja del número para no leer, para no escribir, para no publicar, para no escoger. en este cuadro de Es una frase magnífica como paradójico resumen de la relación escritor-lector. La simetría invertida entre autor y lector, la paradoja del número esclaviza y reduce los horizontes. Leer y escribir siempre estuvieron ligados a horizontes más o menos amplios, pero en crecimiento. Publicar es otra historia, pero merecen atención quienes se atreven a andar sendas oscuras encontrar nuevos caminos.