Encuentro público con el autor

Encuentro público con el autor

Un rito del mundillo literario es el encuentro público con el autor. Ante una platea de lectores el autor se presenta sin armadura ni escudo y espera el juicio, o en otros casos la fila para el autografo ritual en la contracubierta.

Encuentro público con el autor
Fuente gratisography.com

Tengo la sensación, sin embargo, de que este ritual se da tan por consabido que nadie se para a reflexionar sobre él. Yo voy a hacerlo medio en serio, medio menos serio.

Cuando se programa un evento, el encuentro público de un autor con los lectores, se me ocurre que puede haber una de estas seis motivaciones para asistir (o no) al acto:

  • el lector conoce al autor, y por eso va, pero no sabe nada del libro
  • al lector le gustan los libros que escribe el autor, pero no conoce nada del autor y siente curiosidad
  • el lector no sabe nada del libro ni del autor pero tiene curiosidad porque se lo ha recomendado alguien
  • el lector conoce al autor y el libro, y  por eso va
  • el lector no sabe nada del libro y quizá podría gustarle, pero conoce al autor y por eso no va
  • el lector no conoce al autor, pero si el libro y eso basta para no ir

Vayamos por partes

En el primer caso el autor confía en merecer, al menos, la clemencia del lector por amistad o afinidad. Quizá no le convenza el libro, pero no corre el riesgo de que le tire tomates.

En el segundo ya juego con un punto a favor. La cuestión es, ¿el autor puede rivalizar con la imagen que el lector se ha hecho de él? Aunque no lo parezco el riesgo es alto. es fácil decepcionar porque a priori el autor no sabe, no pude imaginar qué construcción ideal ha generado en el lector con sus textos. Basta un mal dia por cualquier motivo y todo el esfuerzo que ha supuesto escribir y leer sus obras se habrá ido al garete.

En el tercer caso es una partida a la ruleta rusa, un viaje en tierra incógnita. Sin duda el encuentro más excitante, un speed-dating sin posibilidad de apelación. O será amor o no será nada. Aunque parezca mentira estimo que al menos un tercio de la platea cae en este supuesto. Y esto hace del encuentro público con el autor un experiencia para ambos sujetos, lector y autor.

El cuarto tipo es solo un acto de cortesía o un encuentro con un montón de grupis: satisfactorio por lo fácil y por eso mismo siempre algo desilusionador. No hay seducción ni victoria y el riesgo de un autoerotismo del ego está a la vuelta de la esquina. Hay que admitir, no obstante, que desde el punto de vista estadístico y organizativo es un éxito congregar a cuantos más mejor de este grupo humano. Parta cualquier escritor menor es solo una espejismo.

A las malas

El quinto caso no es un problema. El roce previo excluye de inmediato que acuda al encuentro. Podemos denominarlo “desencuentro con el autor”. Casi mejor, porque ¿quien tiene ganas de ponerse pelear en una cita así? Servidor no.

El último caso es sin duda el peor. Si el libro no gusta y no es un conocido no veremos nunca a este tipo humano en nuestro encuentro literario y es, sin duda alguna, el que más debe hacer reflexionar a un autor.

La atracción del riesgo

Pero todo esto parte de la visión que tiene el lector. ¿Y el autor? ¿Por qué deben acudir a este encuentro si en parte es un riesgo? Tantas o más ocasiones de decepcionar que de seducir, tantas más ocasiones de que sea la última presentación. Y eso sin contar que un número exiguo de presentes al acto es como un torpedo en la línea de flotación de la autoestima, siempre frágil incluso en casos de hipertrofia del ego, del autor. Cualquiera en su sano juicio evitará una situación así. Cualquiera que no tenga un ego hipertrófico, aducirán los críticos.

Conclusiones mínimas

En realidad el encuentro del autor con el lector es una ocasión única para el autor no solo por la seducción que puede generar nuevos lectores, o fidelidad los que ya tiene, sino porque le permite comprobar algo que de otro modo es imposible: qué lectura hacen sus lectores de sus palabras. ¿Es la que esperaba¿ ¿Se quedan lejos del punto que había señalado, cerca o señalan otro punto?  Y es por eso y solo por eso, además de darse un satisfactorio baño de aquiescencia que restaurar el ego, que un autor corre el riesgo de este tipo de actos. Lo que se me escapa aún es por qué van los lectores.