Revolución y revelación en un libro

Revolución y revelación en un libro

Hoy quisiera hablar de los problemas que implica la asunción el desarrollo de una idea en un libro cuando se parte de una base errónea. Y para ser preciso en lo que supone la revolución y la revelación de un libro voy a poner como ejemplo mi propio trabajo.

Antecedentes

Hace ya 4 años alumbré, a partir de una línea leída en un libro, una posible historia. No era más que una breve idea que había de desarrollar en el tiempo. Se trataba de establecer el límite entre ficción y memoria en la escritura y en el escritor mismo. Estuve vario tiempo dándole vueltas en modo muy somero, porque entre otras cosas tenía otras historias que escribir. En cierto modo y a pesar de todo mejor sería decir que estaba ya escribiendo, como ya hice en Muerde ese fruto. Así, mientras iba anotando ideas, añadiendo unas y descartando otras, se acumulaba el material del cual partir. 

Inicié a escribir y la historia iba adelante, pero algo no cuadraba en la historia. Y este es el punto fundamental. 

Líneas

La definición de la idea debe traducirse en la definición de la línea narrativa principal y de las líneas narrativas secundarias, incluso, si es posible, del los incisos narrativos, las líneas explicativas muertas que añaden al texto una profundidad y variedad. Es justamente en el tratamiento de las lineas secundarias donde yo he cometido un error; son líneas que definen aspectos de la novela, que fijan el orden jerárquico de ciertas acciones o conversaciones o derivaciones o personajes. El libro no avanzaba porque había convertido las líneas secundarias en puntos fijos condicionantes de la idea principal. Tres meses de escritura, casi 70 páginas de un primer borrador que parecían ir de cabeza a la papelera. 

Revolución y revelación en un libro

Para que el texto se desatascase era necesario hacer una revolución del texto. Tocaba darle la vuelta. Y he aquí el segundo error: seguir considerando las líneas secundarias como punto fijos, los mismos que habían condicionado la línea principal. Una solución, me pareció era cambiar la forma del libro. Pasé tiempo buscando una forma que me permitiera no alterar lo escrito en forma sustancial. No funcionaba. No puede funcionar. Y no puede hacerlo porque no era en la forma que estribaba el problema sino en la falta de ductilidad del texto al no mutar las líneas secundarias, que ora daban una rigidez mortal a la línea principal ora la asfixiaban con su rigidez.

Puntos fijos

Por segunda vez el texto parecía irse a la basura. Quizá era la misma idea que no funcionaba o que no sabía desarrollar. 

La pausa no es una enemiga de la escritura. Decidí no escribir y volver a pensar, a reconsiderar aquellas ideas y puntos que me harán parecido esenciales para llevar a cabo mi idea del texto. A veces esto se le llama bloqueo del escritor, yo prefiero llamarlo con un nombre mucho mas fiel: reflexión sobre el trabajo. Solo así puedo ver que me impide ir adelante, que estoy haciendo que supone llevar el texto a una via muerta. Solo así puedo trabajar. No sé si puede considerarse un consejo valido para todos, pero por qué no considerarlo.

Conclusiones mínimas

Y solo así hice una segunda revolución y una revelación fue fundamental para ello. Casi 90 páginas escritas podían servir como trama, como canvás. No tenía que buscar una forma para un idea ni viceversa. Tenía que recomponer la idea principal en ideas simples, dar una voz a cada una que se desarrollase como líneas secundaria, tejer los incisos alrededor de las líneas secundarias, retorcerlas para constituirla línea principal; como haces de luz en un prisma.

La idea y concepción data del 2015, que termine este año o el próximo poco cambia. A cada texto le toca su propia evolución, cada uno lleva en si su revolución y su revelación.