¿Por qué premiar el disenso?

Premiar el disenso

En estos días ocupa un espacio relevante la discusión sobre el Premio Nacional de Narrativa 2019. Una discusión extraliteraria que tiene enjundia. El foco de atención no se haya en los merecimientos literarios de la premiada, a la sazón Cristina Morales. Tampoco se ha centrado en el cambio que refleja su obra en la literatura nacional. El foco de atención se ha colocado sobre la legitimidad de Cristina Morales para recibir ese premio. Y esto en virtud de sus posiciones políticas y culturales contrastan las “mayoritarias”. Yo creo sin embargo que, sin incomodar a Ferlosio, hay varios motivos por los cuales premiar el disenso que la obra de Cristina Morales encarna.

El debate auténtico

Mientras las mitades asimétricas se rasgaban las vestiduras por la exhumación de un dictador, el auténtico debate de esta democracia tan baqueteada se nucleaba en torno a un premio literario.

Las posiciones contrarias a la concesión comparten todas un idéntico planteamiento: no se puede premiar un pensamiento no alineado con la mayoría. Es una idea peligrosa esta. “La mayoría” se presenta como concepto natural cuando no lo es y al que no se hace corresponder sino una fidelidad al status quo. Es una idea peligrosa porque limita los espacios de debate en cualquier campo al consentirlo solo en un eje definido con carácter atemporal. Resulta ser además una posición única que se impone desde fuera de todo debate. Una posición que no solo no consiente el desarrollo de las ideas y del mismo debate, sino de la la literatura como expresión de cualquier idea o sentimiento.

Por otro lado, centrar el debate sobre la ilegitimidad de premiar quien se aleja del consenso, en unos límites que los críticos de esta concesión reducen a una trocha muy estrecha, desvela cuanto la política ha reducido o desea reducir el espacio del debate sobre la realidad que vivimos. Todo en favor de consignas inamovibles o ideas fijas inatacables.

Premiar el disenso 

Premiar el disenso significa agrandar el espacio del debate, pero no en cualquier dirección o en la dirección de una descomposición, al contrario.

En otra palabras, premiar el disenso significa ahondar el debate si el disenso apunta a la ampliación de las libertades, a la discusión sobre los límites que la cotidianidad impone a nuestra libertad con múltiples coerciones. El disenso nos coloca ante una realidad que cambia y nos coloca ante límites que antaño no rompimos. El disenso no puede ser castigado a priori con la exclusión. Al contrario, premiar el disenso es reconocer el debate, avanzar aunque sea titubeando en la dirección justa. Ninguna limitación, ninguna exclusión produce algo positivo en ningún contexto. 

Cubierta del libro Lectura Fácil de Cristina Morales
Cubierta del libro Lectura Fácil de Cristina Morales

Esté o no de acuerdo con la bondad de la obra de Cristina Morales no puedo aceptar, como ciudadano, como lector, como persona, que el reconocimiento social se dé solo a quien postula lo que ya ha sido postulado, por muy bien que lo haga. No puedo defender la exclusión porque se aleja de mi gusto o de mi sensibilidad o de mis opiniones. Solo en el caso en que el disenso apunte a la pérdida de libertad, en cualquiera de sus aspectos, veo lícita la exclusión. Premiar el disenso es democrático. Vetar la diversidad es lo que hizo el dictador muerto y los vivos son mucho más peligrosos. El debate auténtico de nuestros días tiene como centro el premio.