La originalidad como idea literaria

En literatura la originalidad del tema, de la forma literaria, es una cuestión secundaria y en cierto medida sobrevalorada. El texto es indisoluble de la forma del texto. No es que sea del todo cierto, sino que no se consigue ver el texto como tal sin la forma de la letra estampada. Cuanto más semeja a un libro, a un periódico, más auténtico es el contenido. El acercamiento a un texto inicia con el aspecto de un texto. Para ser escritor hay que empezar porque el texto escrito parece de verdad un texto. 

Van Meegeren

Podría parecer que es algo infantil. No lo creo. No lo veo así. Todo es según parece y según parece adquiere forma, ser, sentido y valor. Hay está Han Van Meegeren para demostrarlo. Durante años falsificó Vermeer siguiendo el dictado de una teoría. Van Meegeren ofrecía cuadros que en todo satisfacían las expectativas de un amante de Vermeer. Parecían Vermeer. Se admiraban, vendían compraban y valoraban como Vermeer, porque eran como Vermeer; quizá los Vermeer que el mismo Vermeer nunca habría pintado, pero esa es otra historia. Al terminar la guerra para todos eran solo cuadros falsos. Vermeer que justamente había pintado Van Meegeren y no el hombre de Delft.

Han Van Meegeren mientras pinta un falso.

El valor de Vermeer

Fue el mismo Van Meegeren quien hizo la pregunta, si ayer estos cuadros valían millones  hoy no valen nada, dónde está el error, dónde estos cuadros han dejado de ser merecedores del precio si siguen siendo iguales a ayer, iguales los Vermeer que todo el mundo quería ver. Diréis que el problema de ese valor es que lo tenían porque eran Vermeer y luego ya no lo eran. Yo creo que la cuestión es otra. Eran Vermeer porque parecían Vermeer, valían porque parecían serlo. Su valor estribaba en que satisfacían las expectativas, las formas. Eran como debían ser. Falsos y auténticos. 

Esta es la intuición del nexo entre apariencia y sustancia, que al fin y al cabo no solo ha hecho parte de la historia del arte sino de las relaciones de los hombres. Por cierto en hijo de Han Van Meegeren acabó por autenticar los falsos de su padre y más tarde por hacer falsos Han Van Meegeren. Un rizo del rizo que demuestra tantas cosas.

Conclusiones mínimas

 ¿Debería desdeñarse la tentación de una originalidad absoluta, la pretensión de hacer libros que parezcan libros, revistas que parezcan revistas, periódicos que pareciesen parezcan?. La solución es dejar de querer parecer para ser realmente algo nuevo, metamorfoseando el original. Consecuentemente la noción de autor cambia. 

Está claro que siguiendo ese hilo se mezcla todo; el texto imita la realidad o el texto imita al texto o incluso la realidad imita al texto, en un caso extremo de contorsión. La originalidad llega pues de la mano de la reinterpretación de pasadas originalidades; no se trata solo de copiar, de parecer un modelo.

Creo que no hay escritor que no haya pasado por esa fase de imitación, de emulación sin transformación. Estoy convencido. Es una historia repetida en mil casos singulares. Debe tener una validez universal. En cualquier caso es un intento fallido y frustrante.