El fin de la novela

El fin de la novela

La crisis de la novela parece ser uno de los ejes de la literatura en este fragmento de siglo. El debate en torno a la novela se centra en las formas de esta y en la esencia de lo que la novela comunica. Dicho en otras palabras, parece que la novela vive su crepúsculo en la forma y sustancia. Y en ese caso el fin de la novela está próximo.

Fragmentando la cuestión

Merece la pena desdoblar el debate, fragmentarlo en los varios aspectos que pueden caber en esta percepción del declino de la novela y en la realidad que alberga. 

A lo largo del siglo anterior y el inicio de este ha cambiado sin duda la naturaleza misma de lo que definimos novela. La crisis de la forma de la novela causa espasmos. La novela ahora incluye técnicas narrativas propias del periodismo y del ensayo. Pero también desvía hacia la auto-ficción (personalmente considero cualquier autobiografia más ficción que otra cosa, intentos mitopoyéticos más o menos destinados al fracaso). La novela, ¿ha ensanchado sus horizontes o ha desaparecido diluida en otras formas?

La duda parece pertenecer más a la crítica o a los escritores que al sector editorial, que sigue editando novelas que llamaríamos de corte clásico. Por no hablar de los lectores. Estos siguen leyendo profusamente novelas en su forma más tradicional (fruto de las editoriales o de plataformas de fan fiction, por ejemplo. Merecería un suplemento de investigación la atención de la crítica hacia estas últimas y sus formas narrativas).  Se evidencia entonces que existe una distancia, una separación quizá incolmable, entre la vida de la novela y la percepción de su estado de salud, entre la idea de novela y la lectura de la novela. 

La idea detrás de la novela

Occidente, sobre todo, ha subsumido la idea de la literatura en en la novela durante algo más de un siglo, de mitad del siglo XIX hasta hoy (o todavía hoy, según como se encuadre la cuestión). Este es, para mi, el punto clave. Como epígono de la literatura, la novela sufre más que cualquier otro género el paso del tiempo. O lo que es lo mismo, el cambio de perspectiva sobre la realidad que se narra, que se activa  en cada momento histórico. En efecto, es la idea de realidad que ha cambiado radicalmente en nuestras mentes. La misma idea que se intentaban plasmar en las novelas. Resulta lógico, pues, que la novela cambiando de piel haya terminado por parecer irreconocible a si misma. 

Cubierta de Frankenstein, con prólogo de Stephen King. En blanco y negro. un ser monstruoso y más feo que malo.

Hoy vivimos una realidad que se ha vuelto imaginaria, donde prevalece la creación constante de la realidad más allá de la realidad misma. Esto equivale a la conquista del poder por parte de la imaginación, quizá no como hipnotizaban en el 68 o quizá exactamente en esa forma pero con objetivos muy distintos. Esta conversión de la realidad conlleva una consideración sobre el marco que circunscribe la relación que mantienen, a través de la literatura como arte, la creatividad y la credulidad.

Con una realidad cualitativamente imaginada se hace realidad el axioma de Paul Klee, según el cual el arte consiste en hacer visible lo invisible. O quizá como sostiene Duchamp se trata de que el artista coloque lo visible bajo una luz nueva, que quizá es lo mismo que hace que el artista lo haga visible nuevamente, pues con la luz anterior no podía verse. En cualquier caso la perspectiva de la cosa da un vuelco copernicano. Wilde tenia razón entonces antes de tiempo al decir que es desde el arte que se percibe al vida y no al revés; el tiempo ha colocado las cosas en una perspectiva que la antigua novela no era capaz de recoger.

Creatividad, veracidad, credulidad

La relación entre creatividad y veracidad se engarza con la relación entre credulidad y veracidad, que se torna creativa. Es decir crea algo nuevo, diverso de lo anterior, solo cuando se desborda cuestionando paradójicamente lo real.

Para que este motor, concatenación de relaciones que parte de una nueva consideración de los real, sea capaz de funcionar es necesario que se activen una serie de antagonismos. Antagonismos como normalidad vs anormalidad, verdad vs mentira, apariencia vs realidad, razón vs imaginación. Que es lo mismo que disponer de una nueva serie de conceptos resultantes sobre la realidad de la cual la novela es una expresión. La que conduce de lo invisible a lo real. La veracidad juega con la tendencia a la credulidad del hombre para hacer saltar todos los pernos. Los que tenían anclada la novela a una situación y un territorio conocido y hacerla adentrar en otros ignotos aún. 

La crisis de la novela

En este proceso de re-ordenación de lo real es que la novela no sirve más para el conocimiento de la realidad, porque no sirve ya para explicar o conocer el mundo, que se ha fragmentado y es inteligible solo bajo una serie de prismas o haces de luz. La novela tal y como la hemos conocido manifiesta todo el conflicto entre el pasado y el presente, entre hombre mecánico y universo cuántico. No es que al mundo le interese lo que ocurre detrás de las quintas de lo visible, es que lo visible ahora es parcial y discontinuo y ejerce sobre el hombre, y sus realizaciones culturales como la novela. Es un efecto desestabilizador porque se ha roto la correspondencia entre invisible y visible como transfiguración de sombra y sujeto. 

Cabe pues pensar que la novela no está tan en crisis cuanto el mundo que ha descrito, que la novela en si pertenece a un tiempo y un espacio que ya paulatinamente han dejado de existir, pero cuyo fantasma vive en los anaqueles de nuestras librerías. Podemos hablar y hablamos de la novela del 1400, del 1500 y así hasta la novela del siglo XX. Quizá pues no es del todo ajustado a verdad hablar del fin de la novela.

Muchas novelas, o quizá, simplemente, muchos cambios en la raíz de la novela, en el corazón de lo que se identifica novela. Aunque claro, no tantos ni tan sustanciales de no poder trazar una continuidad ideal de su identidad e identificación. La pena de este tiempos desazón, estriba en el cambio radical de la de base para la interpretación de la realidad. Ese pasaje de lo uno a lo otro no es sincrono. Mientras vivimos el presente desajustado nos interrogamos sobre la vigencia de lo que conocemos, construyendo hipótesis como mejor podemos sobre futuros incognoscibles.

Conclusiones mínimas

Si como se sostiene la literatura se independizó de la realidad para narrarse a si misma, entonces el triunfo de lo invisible se ha venido fraguando desde tiempo atrás. ¿La novela en ese caso ha sido el ariete que ha abierto las puertas a  la fin de la novela? Yo creo que la forma de contar la realidad y sus percepciones usa la convención de lo que hemos llamado género. Un convención útil para hablar de la tensión entre las ideas y los instrumentos con que recabamos la imagen de nuestras vidas, .

En verdad no importa sino que la creación que cuenta esa visión de época encuentre un público lector que la comprenda plenamente. En los tiempos de transición siempre habremos de preguntarnos que dioses, mitos, leyendas y narraciones están muriendo en la forma en que los hemos contado hasta hoy. Ante el supuesto el fin de la novela tenemos las puertas abiertas para re-inventar la novela o su sustituto. El resultado se me antoja imprevisible, lo mismo que la fecha de la muerte mientras no podamos certificar que ha nacido su sustituto natural.


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