El año que me licencié

Se acerca el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz y eso me ha hecho pensar sobre le paso del tiempo, los cambios y lo permanece. Como punto de partida he decidido tomar el año que me licencié en filología semítica en Barcelona, especialidad de hebreo y arameo, las cosas eran algo distintas a como son hoy.

En 1995

Entonces, 1995, los profesores habían recomendado que forrásemos las gramáticas y los subsidiarios para evitar episodios desagradables. No queríamos creerlo pero lo hicimos por precaución. 

En 1995 visitar el consulado de Israel era como visitar una instalación secreta, pero al fin y al cabo era un local perteneciente a un país con relaciones difíciles. Visitar el consulado británico era más fácil.

en 1995 visitar en Barcelona la sinagoga y la biblioteca anexa era fácil. Fuera nada indicaba que allí hubiese una sinagoga.

En 1995 acceder al departamento de hebreo ara tan fácil como abrir una puerta.

Hoy

Hoy, 25 años más tarde creo que siguen forrándose gramáticas por si acaso. Nadie quiere un incidente desagradable en el metro, en el autobús o ne la calle.

Visitar el consulado sigue siendo aproximarse a una instalación secreta.

Ahora es más fácil identificar la sinagoga, la policía monta guardia delante como protección y deterrente.

Hoy, para acceder al departamento de hebreo hay que digitar un código en un plafón e identificarse antes. Así pues creo que el problema que no teníamos en la facultad era el que teníamos en la calle. Ahora el problema ya vive también en la facultad.

La intensificación ha sido lenta, paciente pero firme. 

Cambios

Como ocurre siempre, aunque no deseemos verlo, las cosas no se mueven en una sola dirección. el legado judío en la ciudad se ha ido desvelando; no obstante estas navidades tuve el horror de oír a un guía explicar la existencia del call de Barcelona del todo exente de noticias históricas ciertas, con un reguero de afirmaciones gratuitas y tópicos torpes. Lo digo por si hubiese modo de remediar semejante entuerto. 

Puerta de entrada de la sinagoga mayor de Barcelona, sita ne la calle Marlet.
Puerta en madera oscura con letrero en cerámica.
Antigua sinagoga mayor de Barcelona. Fuente Wikipedia

Para mi estos cambios son un termómetro. La población judía española equivale al 0,1 de la población. El judío es el otro por antonomasia, pero no es el único otro. Toda minoría ha visto en estos 25 años empeorar sus relaciones con una mayoría siempre mas tensa, irritada, despreocupada por la base real de sus emociones: esta sociedad emocional es desdeñosa de la realidad, es infantil y hostil como un adolescente preocupado en exclusiva por su universo onfalocéntrico. Me parece un problema serio esta regresión que enturbia presente y futuro.

Conclusiones mínimas

Algo ha fallado no solo desde el año en que me licencié, sino desde los casi 50 años de democracia o los 75 desde la liberación de Auschwitz. Algo ha fallado si hemos ido construyendo una cultura con una lista de exclusiones, si no hemos sido capaces de construir una cultura que subraya los puntos comunes respetando las naturales diferencias:  una cultura común no es necesariamente una cultura homogénea o plana. Y digo hemos sido porque es la mayoría la que crea un marco en el cual la exclusión es posible, del mismo modo que la es la mayoría la que crea un marco en que es posible definir una cultura común. Espero poder escribir una vez que el año en que me licencié era peor. Quisiera poder escribir que hemos crecido, juntos.