El día en que un virus nos cambió vida

El día en que un virus nos cambió vida

Llegó el día en que un virus fue la excusa que nos cambió la vida. Ha sido un proceso lento el que ha llevado a esta situación, pero ahora aquí estamos todos. Con gran confusión, retraso y entre mil dudas algunas cosas se van poniendo en claro y no me parece exagerado decir que el resultado es cómo viviremos en el futuro. Es mejor ir por pasos.

La epidemia/pandemia

Dejando a parte si es o no una gripe, o cuánto es letal el coronavirus covid-19, este tiene un impacto muy directo sobre el sistema sanitario. Se ha tardado mucho en occidente en dejar claro que su peligrosidad estriba en su capacidad de colapsar los sistemas sanitarios nacionales a fuerza de contagio. 

El virus actúa sobre el sistema respiratorio y cuánto mayor es su difusión, mayor es el número de recursos en las secciones de de enfermedades infectivas, de reanimación y de cuidados intensivos que su cura y cuidado absorbe. Estas secciones hospitalarias son reducidas y con frecuencia han sufrido cortes en los últimos años. 

Imagen del coronavirus civid-19 vista al microscopio.
Fuente: CDC/Dr. Fred Murphy – This media comes from the Centers for Disease Control and Prevention‘s Public Health Image Library (PHIL

En breve, al desbordarse el número de infectados, colapsa el sistema sanitario limitado por efecto de su desmantelamiento en las últimas décadas (muy principalmente la última). Así pues no es su impacto letal, sino su expansión incontrolada lo peligroso. Un peligro mayor para grupos débiles: muy jóvenes, muy, viejos, muy enfermos e inmunodeprimidos. Limitar la expansión del virus es por tanto esencial o de lo contrario con el sistema colapsado no habrá ninguna barrera sanitaria eficaz. Una medida básica y eficaz para alcanzar ese objetivo de confinamiento de la expansión y el contagio es limitar la movilidad de las personas.

El segundo impacto de la epidemia/pandemia es el económico. Con una movilidad limitada, una psicosis colectiva y medidas de contención que excluyen concentraciones de personas, es automática la caída de las actividades económicas, con las inevitables consecuencias sobre ocupación y renta. Los sujetos más débiles economicamente son los que antes y con mayor fuerza acusan este golpe, al que podría sumarse el de la enfermedad. 

Las consecuencias de la epidemia/pandemia

Diría que las consecuencias posibles de esta epidemia/pandemia son de dos órdenes distintos: económico el uno; político-social el otro.

En la esfera económica el impacto de las limitaciones de circulación y actividad para salvaguardar la colectividad del contagio ponen ante una disyuntiva: o primar la ética y la moral preservando al individuo y a la colectividad en un ejercito de solidaridad y responsabilidad a la vez individual y colectiva; o primar la actividad económica aun cuando tenga efectos negativos sobre la colectividad (en términos generales el coste para la colectividad de la primacía de la economía contempla que los costes colectivos no recaen sobre los actores económicos). 

Economía

Si prima el segundo aspecto no tendremos en cuanta ningún otro factor. Por otro lado se hipnotizan con mayor o menor fundamento cínicas cuentas sobre el coste económico de salvar a ancianos y enfermos: el NHS ya intentó algo semejante a eso durante los años 90 e inicio del siglo actual. Es un modo de ver que comprende el mundo como externalidad de la actividad económica, lo cual explica la carrera al consumo y medidas que por un lado son claramente destructivas del planeta y por otro no aseguran el bienestar presente de los individuos (ya no hablemos del futuro).

Factor político-social

Si prima el primer aspecto deberemos enfrentarnos en un tiempo breve a una reforma del sistema. Todo deja entrever que esta será la primera de una larga serie de situaciones de emergencia de aquí en adelante. Habría que repensar consumos, modos de producción, modos de relaciones humanas, y sobre los valores éticos, morales y económicos. 

En lo político-social el cuadro no es menos inquietante. Las limitaciones a la movilidad personal y las restricciones impuestas por motivos de emergencia pueden trocarse en medidas estructurales, como ya ha ocurrido tras el 11 de septiembre de 2001. En las democracias occidentales se solicita la colaboración activa de los ciudadanos, pero en un momento de debilidad estructural podría ser un apelo ineficaz. En ese caso el uso de la fuerza, la imposición con policía o ejército de medidas férreas, aun en defensa sincera y de buena voluntad  del bien común, por parte de las instituciones, puede ser el paso necesario para que los populismos arrimen el ascua a su sardina: el Estado impotente para asegurar bienestar económico y seguridad a los ciudadanos puede colapsar como el sistema sanitario ante la falta de anticuerpos. 

Conclusiones mínimas

Así llegó el día en que un virus nos cambió la vida, como una excusa, en un sentido o en otro: o remodelación de un sistema de vida o limitación en cambio de falsa seguridad. La aguja de la balanza puede señalar un mundo más responsable y menos económico o al contrario un mundo economizado y tutelado por la fuerza.

No se trata de utopías o distopias esta vez. Creo que es fundamental el compromiso personal en esta ocasión. Favorecer una visión u otra, por acción u omisión, es determinante. Es una batalla subterránea que marcará las próximas décadas, destinadas muy probablemente a ver más coronavirus y más emergencias. 

Quizá soy demasiado pesimista y sin embargo creo ue solo he arañado la superficie del problema.