¿Quien es el escritor?

Sé que la pregunta puede ser o parecer retórica. No obstante quisiera reflexionar sobre sobre quien es el escritor o si se prefiere qué dimensión ocupa la definición del autor, siempre y cuando esta definición sea posible.

Observo que un escritor en el acto de escribir opera una división entre él y su obra. Esto es muy evidente en el caso de una autor de ciencia-ficción, menos en un autor de ficción. En ese caso la separación que exhibe, la separación entre personalidad y lo que escribe representa una primera alienación, que resulta ser la obra final. Todo autor es consciente de esta evidente separación, de la alienación que resulta del trabajo de escribir, una escisión neta. Es el mismo tipo de alienación existente entre un artesano y si producción.  

Retrato en blanco y negro de un joven Philip Roth. Cabellos abundantes y negros y mirada inteligente.
Ph. Roth. Foto de Nancy Crampton

En el ejercicio de la lectura el lector atribuye al autor sus propias expectativas. En este modo se opera una segunda alienación. Lo extraordinario de esta alienación es que el lector puede anular la alienación operada por el autor construyendo una identidad entre obra y autor. Dicho de otro modo, puede atribuir al autor la correspondencia autobiográfica con la obra: podría citar un sinfín de casos, no lo haré, de muchos, muchísimos autores a los que les ha caído esta suerte con sus lectores.

El resultado es una doble alienación: una alienación interna, creativa; una alienación externa, receptiva (aunque en paridad no es solo receptiva, ya que va en ambos sentidos): de hecho se desdobla en lectura y proyección social.

Escritor y sociedad

¿Qué lugar ocupa el autor en la sociedad? ¿el escritor tiene alguna opción de determinar cuál es papel?  La experiencia de tener que afrontar las estrafalarias proyecciones de los demás (no solo necesariamente los lectores) puede ser ardua de gestionar. Cabe pensar que quien no consigue alcanzar a determinar univocamente la separación autor/obra difícilmente podrá determinar su papel social. 

A fin de cuentas es la historia de la recepción del texto, esa historia que vive y revive cada vez que un lector coge en mano un texto. 

Ahora bien si el autor no es su obra, si el autor no es quien cree el público lector, si el autor no determina su público, si no es capaz de determinar su papel social y si no es capaz de evidenciar la separación entre autor y obra, la liberación subsiguiente al producto, ¿quien es el escritor?

¿Qué dice el autor de si mismo? Habría que admitir, en primer lugar, que el autor desea decir algo de si mismo y que ese algo es distinto a la obra que presenta al público. Si antes he comparado el escritor con un artesano, el escritor tiene sin embargo la posibilidad única de establecer una correspondencia vital o proseguir con la alienación más allá de lo que le atribuya el lector. Puede, del mismo modo, establecer formas ficciones autobiográficas, ya se hace, que compliquen aún más esta alineación o doble alineación, aumentando su número. 

Por otro lado es posible, como ya ocurre, que el escritor prosiga reivindicando la separación autor/obra sin preocuparse después de las lecturas, las atribuciones o su papel social, viviendo solo en la dimensión de su propia alienación y en la destrucción de su carácter público: sobran ejemplos, de Salinger y Pynchon en adelante, sin contar con los anonimatos voluntarios.

Temo que el escritor resta incognoscibile siempre y en cualquier caso.

Conclusiones mínimas

¿Qué puede decir el escritor? La misma lectura de sus textos, cada una diversa de la otra y de la del mismo autor, ponen el tela de juicio lo el escritor pueda decir de veras. La posibilidad de ser escuchado en la forma en que el escritor ha soñado está lejos de poder ser determinada.

Por otro lado el escritor puede tener mucho que decir y pocas posibilidades de hacerlo. Más allá de su obra, y no solo por voluntad propia, sino por impacto de la misma, por la apertura de espacios públicos de los que pueda o sepa sacar beneficio o estén a au alcance. Lo que el escritor puede decir está de hecho circunscrito a la obra y a su habilidad como escritor. 

Todo esto limita del mismo modo la determinación del papel social del autor, que  o juega a con los instrumentos de promoción social o determina su desaparición del horizonte. En cualquiera de los dos casos su capacidad de determinar su papel social es marginal, ya sea porque convenga en participar de él, lo que implica no maniobrar los mecanismo que le son ajenos, o porque lo rechace.

¿El escritor debe decir algo? Esta es una inferencia bastante arbitraria, que el escritor deba decir algo. Dudo mucho que el escritor tengo un deber moral de decir algo. Esto no quiere decir en absoluto que no tenga posiciones morales, sino que no existe un deber moral al que el escritor deba responder por el hecho de ser escritor. En todo caso opino que el escritor debe decir lo que desee y solo eso. No es poco. 

Todo lo demás queda, por la naturaleza del texto fuera de sus manos, más allá de cualquier capacidad determinativa.