Paralelismos de ayer y hoy

Oleadas de intolerancia, violencia verbal o física, integralismos, fundamentalismos identitarios, una tensión hacia la totalidad. Creo que pueden ser etas algunas de las palabras claves que pueden usarse para describir la situación política actual. Sin embargo no se trata de una novedad. De hecho son muchas las personas (y los partidos políticos) que subrayan paralelismos con la situación inicios del s. XX.

Considero que existen notables divergencias, sobre todo en el área política que cubra la izquierda o en la distribución de las fuerzas y la constitución del trabajo y de la actividad política. Existen, no obstante, notables coincidencias en el campo de los los integralismos y de los fundamentalismos identitarios, entre los cuales coloco los diferentes nacionalismos. 

¿Cuáles son estas coincidencias?

La principal coincidencia reside en la retórica del armamentario ideológico de las extrema derecha, del neofascismo y de los grupos supremacistas. Estos se apoyan en una idea sola: la totalidad y la amenaza a la integridad del grupo, al todo; no en balde el resultado de estas posiciones conducen al totalitarismo. El odio político se construye como un miedo. Miedo de todo y una sueño de todo, que exige que el otro, debilitante, corroedor, esté fuera o sea eliminado.

Hoy como a inicio del siglo pasado asistimos a ¡una recrudescencia de obras misógenas, contrarias a la emancipación de la mujer, proclives a la recomposición de al familia tradicional. Lo que inquieta no es tanto la disolución de la familia tradición al como al emancipación efectiva de las mujeres. 

En esta visión femenino y feminidad crean un solo conjunto. Esta es la clave para entender la extensión del odio al los grupos LGTB: mujeres independientes vistas como viragos, o mujeres masculinizadas, y hombres feminizados. ¿Hay que recordar que la llegada de Hitler resonaba inconscientemente como promesa de una restauración viril? Ciertamente la voz femenina es una voz que interroga al poder vigente (atención, esto ya podemos hallarlo en el pasado en textos que poco sospecharían). Lo femenino asume por completo el papel del otro, la alteridad que destruye, sin que necesariamente sea femenino todo elemento de alteridad.

No hace falta que subraye e insista en este aspecto. Cualquiera que pasee por las redes sociales o lea la prensa, converse en un bar o celebre un debate en la sobremesa del encuentro familiar, puede hallar un número X de declaraciones en este sentido.

La tensión hacia la totalidad

La tensión hacia la totalidad¡, hacia en Uno totalizador implica también una forzatura, una falsedad. El Nosotros que resuena en estas posiciones no admite el no reconocimiento del Nosotros. Se trata de un Nosotros que es siempre un Uno, que asume la completa de cualquier otro, Uno que firma por otro u otros. Disentir es colocarse fuera de ese Nosotros automaticamente. Es un Nosotros que se propone arrollar todo lo que se oponga a su visión unificante o totalizadora, el todo. A este Nosotros hay que prestar mucha atención.

Jean Paul Sartre

Es además, esa tensión, un horizonte entusiasmaste para quien lo abraza: “Una idea total una misión heroica al servicio de un causa sagrada, despegan y tienen la impresión de ser potentes, de ver colmadas sus deficiencias, y están dispuestos a subir al cielo”. (Fathi Benslama “On fabrique de la chair à la jihad industriellement”). Esa potencia, ese despegue, que simboliza una visión es la de que podemos encontrar en la retórica hostil, en la agresividad verbal que termina en violencia, de un discurso político centrado en un Uno imposible, innatural. el tipo de discurso y de visión que creo que lo podemos colocar  muy cerca de lo que decía Sartre: “un hombre que quiere ser […] todo menos un hombre”.

Conclusiones mínimas

Estas coincidencias en la sustancia del pensamiento y en las formas de la retórica, un siglo después, hacen pensar en cuales han sido los progresos realmente realizados en la admisión del otro como  sujeto parte del tejido social y político en todas sus formas y extensiones. Avances demasiado lentos que hacen pensar en una fracaso, al menos parcial. Por otro lado la extensión ulterior del frente sostiene la ineluctabilidad del cambio a pesar de la lentitud del avance. 

En cualquier, caso ese retorno al identitarismo excluyente bebe de las fuentes indicadas. Se desvela que el proyecto existe pero non es un proyecto sólido al faltarle un aspecto básico, el reconocimiento de la realidad  plural.