La palabra de la década

La palabra de la década será Pandemia si algo no cambia. Las décadas precedentes han trazado un surco entre los ciudadanos. Está hecho este surco de dejadez y falta de inversiones derivadas de una falta de visión global. Sus manifestaciones son diferencia en el trato en el momento de acceso a los servicios, diferentes posibilidades de interacción con las instituciones y sus aparatos y por supuesto diferente posibilidad de actuar sin recurrir a los servicios y aparatos de la administración. Los efectos de estes surco son devastadores entre la población con menos recursos.

Pandemia y rendición

Reaccionar a la pandemia precisa de capacidad de afrontar la complejidad, algo a lo cual todos los gobiernos han renunciado hace tiempo. Esa falta de reactivada pone al descubierto también loa falta de visión global.

La respuesta es desesperanzada. Ante la incapacidad de gestionar lo complejo, pero también lo rutinario en muchos casos, la solución escogida por los gobiernos ha sido traspasar la responsabilidad a los ciudadanos.

dos barcas de remos vacías, una al lado de la otra

El efecto sumado de las diferentes posibilidades de acceso a los servicios, las diferentes posibilidades reales de hacer frente a la realidad sin éstos y la fobia social generada por la necesidad e auto-preservación, generan un efecto Arca de Noé. Cada uno busca preservar su estado de salud, su posibilidad de seguir trabajando, su futuro, intentando encaramarse en solitario a la balsa de salvación.

¿Quien?

Es paradójico que sepamos que la salvación puede ser solo colectiva, pero la solución que hallamos es individual. No se trata de culpabilizar sin embargo al individuo. A fin de cuentas es lo que han ido asumiendo desde hace unas décadas y lo que la pandemia ha exacerbado cuando los gobiernos han cedido las armas de la acción (política) a los cuidados inermes. Es por esto que la pandemia no nos ha hecho mejores, porque no hemos prendido a ser mejores sino a ser solos, individuos aislados que se aíslan aún más por necesidad física y por marco mental. El futuro así pergeñado no será halagüeño. ¿Estamos a tiempo de cambiar ruta? Lo espero, pero ¿quién debe sere el primero en sacrificarse? ¿Quién debe dar el paso al frente en un territorio de coacciones sociales, políticas, culturales y administrativas? ¿Quién debe de ser el primero que desafíe la anti-lógica? No lo sé. Tampoco es obligatorio que sea “alguien”, lo efectivo sería que fuese una convicción asentada en pequeños pasos, en cotidianidades.

Conclusión mínima

Pandemia será la palabra que marque la década, pero si un apalabra debería marcarla ha de ser yo propongo que sea insolidaridad o soledad.